La movilización es la clave

Cuando queda poco más de una semana para el día de elecciones, las campañas deben escoger una sola estrategia y casarse con ella. En este caso, muchas de las tácticas de siempre dejan de ser eficaces; pocas conseguirán un cambio significativo en las encuestas y sobre todo, en la toma de decisión de los votantes.

Jim Messina, manager de campaña de Obama confesó hace poco al periodista Ryan Lizza, del New Yorker, que su biblia es el libro Get Out the Vote de Donald Green y Alan Gerber en el que se sostiene que lo central en la movilización no son ni las llamadas ni los panfletos distribuidos en la calle, sino el contacto personal, el boca oreja y amigos urgiendo a amigos a salir a votar. Y si hay un candidato que lo entiende perfectamente es Barack Obama. Y, a pesar de que la motivación no es la misma que en 2008, su estructura se ha hecho aun más fuerte y el Presidente todavía cuenta con el número suficiente de voluntarios para frenar el impulso de Romney.

Actualmente, las encuestas sugieren una leve ventaja a nivel nacional sobre Obama, sin embargo, en los Estados decisivos el Presidente todavía lleva la delantera. Este escenario político presenta la posibilidad de que Romney gane el voto popular pero Obama obtenga la presidencia con los 270 votos electorales. Esta sería la quinta vez que sucede en la historia del país, y la segunda en doce años, después de la increíble victoria de George W. Bush sobre Al Gore -quien habría ganado el voto popular- en 2004. Para William A. Galston, investigador principal de la Institución Brookings, esto es lo que sucedería si las elecciones se celebrasen hoy.

El problema con este escenario es que, a pesar de que Obama ganase las elecciones, la mayoría de la población habría votado en contra y los republicanos no descansarían en reiterar que Romney es el Presidente, lo que sugiere un segundo mandato con retos iniciales más delicados que el primero.

Obama entiende esto perfectamente; necesita ganar la presidencia tanto con el voto electoral como el popular y la movilización y refuerzo de sus bases son sus armas más letales. Por esta razón, poco después de haber votado en Chicago, se reunió con un grupo de voluntarios para decirles “podemos perder estas elecciones (…) Si no conseguimos llevar a las urnas todos los votos, podemos perder estas elecciones …”

 En 48 horas, Obama ha recorrido ocho estados, ha participado en seis mítines, se ha presentado en el programa de Jay Leno en Los Ángeles, ha votado con antelación y ha sostenido dos teleconferencias con más de 17.000 votantes indecisos y 9.000 voluntarios de campaña. En estos días la movilización es la clave, y su recorrido a través de los Estados decisivos, su brújula de campaña. Al Presidente le quedan diez días.